miércoles, 3 de diciembre de 2008

Una nota después del referéndum de la reforma.

Un saludo a todos, amigos invisibles. Bueno, ya seguramente tras leer el título de esta nota apareció un gran "WTF" en sus mentes, pero permítanme explicar.

A continuación haré un refrito de una nota que originalmente escribí en la madrugada del 3 de diciembre de 2007, poco después del anuncio de los resultados del referéndum sobre la Reforma Constitucional. Sí, aquella que fue rechazada con el 50,7% de los votos, según el primer boletín. Creo que aquel momento sigue tan vivo en mi memoria como cuando escribí la nota, y no dudo que para muchos de ustedes sea igual.

Ok, ¿pero a qué viene esto?

Bueno. Estaba flotando aleatoriamente en Facebook, y sin razón alguna en especial terminé haciendo click en aquella nota.

Ahora, en la madrugada del 3 de diciembre de 2008, justamente un año después, he vuelto a leer mi nota.

Y pues por supuesto que, teniendo muy en cuenta lo ocurrido el 23 de noviembre, uno se pone a pensar.

¿Tiene sentido esto que dije?

No estoy ahorita en Venezuela. No voté el 23 de noviembre. Aunque no esté metido en el día a día de la situación y en el vaivén psicológico que representa la política en Venezuela, no me desentiendo. No pudiera hacerlo, ni tampoco quisiera. Pero bueno, el punto es que (y la siguiente afirmación va a sonar muy "Capitán Obvio al rescate") el 23 de noviembre da razones para continuar siendo optimista.

El 2 de diciembre de 2007 fue un gran paso adelante el que se dio, y fue mucho el aprendizaje que se obtuvo. No niego que, probablemente, el camino se haya vuelto más tortuoso desde aquel entonces. No es difícil hacer una lista de obstáculos: la amenaza del "por ahora", concretada en la aprobación de las 26 leyes habilitantes, las inhabilitaciones políticas, la "indiligencia" por parte de los partidos de oposición para concretar las candidaturas únicas.

Pero el 23 de noviembre es otro paso adelante en el camino correcto. Y eso es lo importante.

Los dejo ahora con la susodicha nota.

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Bueno. Son las 4:02 am. Hace unas tres horas que, después de mucha tensión y muchos rumores, el CNE anunció el resultado del referéndum sobre el proyecto de reforma constitucional, confirmando la victoria del "NO". Desde entonces, han transcurrido por mi mente una variedad de emociones, de reflexiones, y de preguntas, entre las que no puede faltar la clásica "¿y ahora qué vamos a hacer?".

Por supuesto que estoy alegre. Sea por 1% o por el rango que sea, el hecho es que el NO obtuvo la mayoría de los votos. La sensatez y el espíritu democrático prevalecieron sobre las pretensiones autocráticas que el proyecto de reforma constitucional pretendía implantar. No tendremos, al menos "por ahora", reelección indefinida ni estructuras político-administrativas paralelas decretadas a dedo. Independientemente del impacto político que esto tendrá, estas son razones para estar contento.

Precisamente, escribo estas líneas en medio del estupor causado por la alegría del resultado. Alegría que probablemente vicie a estas mismas líneas de ingenuidad; esa ingenuidad optimista de la cual generalmente prefiero tomar distancia. Pero lo hago a manera de recordatorio: en una semana, en un mes, en un año, en el 2013, cuando sea, regresaré a esta nota y confirmaré si al final tuve razón o no.

Ignoremos por un momento un análisis matemático y estadístico más riguroso y demos un vistazo rápido a los resultados promulgados en el primer boletín en comparación con los de las elecciones presidenciales de diciembre de 2006. Es lógico asumir que la mayoría de los opositores votaron por el NO en el referéndum. Bajo esta óptica, fue poca la ganancia de la oposición, apenas unos 300.000 votos. De hecho, esperaba que fuese mayor, ya que esperaba una mayor contribución de los votos de Podemos y de los votos de AD y de otras demás agrupaciones políticas que llamaron a la abstención el 3-D pero al voto en el referéndum. Pero por otro lado, el oficialismo perdió casi 3 millones de votos. De 7.309.080 a 4.379.392. Ouch.

Tres millones. Tres millones de personas que votaron por Chávez el diciembre pasado pero que hoy no dieron su apoyo a la reforma. Es cierto, no votaron por el NO, tampoco. Pero dado el carácter personalista que Chávez le imprimió a la campaña, esto no es de sorprenderse: después de todo, no es que estos tres millones dejaron de apoyar al Presidente; además, a nadie le gusta que le digan "traidor".

Con frecuencia, se cita aquella famosa frase de Bolívar de "un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción" en referencia a las victorias electorales de Chávez. A veces se dice (y a veces yo digo) que los venezolanos no tenemos criterio, que no hemos aprendido, que estamos destinados a cometer los mismos errores. Pero hoy, hago referencia a las tres millones de personas que, pese a apoyar a Chávez, reconocieron lo poco saludable que era la reforma y le negaron su apoyo al abstenerse de votar "SÍ". Esto muestra que el pueblo venezolano, y en particular un significativo sector del chavismo, no es tan adolescente de espíritu crítico como muchos pueden, y podemos, pensar. Que a lo mejor es falso que en en el lado del chavismo la gente en materia de política opera siempre como el ganado.

Siempre que exista espíritu crítico, existe una esperanza. En cara a esto, el discurso de "formar una nueva mayoría" no es tan utópico. Parecería que en efecto es factible una salida democrática y pacífica a todo este asunto. Seguro que no en el corto o mediano plazo, pero el hecho de que la esperanza exista es razón suficiente para trabajar por esta posibilidad con el esfuerzo y dedicación con el que se trabajó para lograr el resultado que hoy se obtuvo.

Con todo y un Consejo Nacional Electoral brutal y evidentemente parcializado, una campaña electoral completamente asimétrica, y todo un aparato estatal en nuestro contra, el proyecto de reforma propuesto por el Presidente no fue aprobado. En referencia a esto, un amigo me dijo hace unos minutos que, pese a todos los obstáculos, "sí hay formas de lograr cosas". Creo que ése es el gran aprendizaje para la oposición, tanto organizada como independiente, tras la jornada de hoy. La lección de "ser demócrata" no es sólo para Chávez & Cía, sino también para la oposición y la sociedad civil.

Nunca he sido fanático de la teoría del fraude, mucho menos de la propuesta del golpe de Estado como manera de sustituir a un gobierno. Espero que el resultado obtenido hoy oriente a la oposición hacia la recuperación de los espacios perdidos, de manera democrática. Opino que ése debe ser el siguiente paso a tomar.

Por último, supongo que gran parte de la emoción de esta victoria viene de aquello de sentirse parte del cambio, como miembro del "movimiento estudiantil". Siempre me hace parecido un poco rara esta etiqueta, ya que la considero demasiado institucional, pero sin duda que los estudiantes hemos sido un factor decisivo en los eventos de hoy. A lo mejor suena algo presumido. No es que yo sea un Yon Goicoechea, pero me alegra ser parte, aunque sea pequeña, de este movimiento. Y me emociona profundamente que nuestros esfuerzos no hayan sido en vano.

Que el 2 de diciembre de 2007 sea el día que aprendimos que las urnas no predestinan nuestra causa al fracaso.

- Gastón Larrazábal
3-12-2007

1 comentario:

Unknown dijo...

Hijo yo no había leido estas reflexiones tuyas de la Mdrugada del 3 de diciembre de 2007, las cuales me hacen sentir profundamente alegre y orgullosa de ti y del estudiantado venezolano, decidido y valiente, concentrado en la recuperación de los valores escenciales de un país, y me hacen también recobrar esperanzas en el pueblo venezolano entero. Pudimos una vez, dos veces el pasado noviembre y podremos sin duda la tercera también, pero debemos estar alertas, no confiados, maquiavelicamente pensando (en términos políticos) ...Duda y acertrás... asi que debemos estar todos en pie de lucha, ojos abiertos y actitud resuelta. Dios te bendiga a ti y a todos los estudiantes venezolanos que hoy defienden ideales leg´timos de verdadera democracia y no d eun comunismo fangtoche, que no es ni coimunismo, si socialismo ni un carajo de nada de eso, es un gorila militar imponiendose a como de lugar, sin juventud que lo acompañe mas que un minúsculo grupo que si alguna vez tuvieron ideales, pues los han cambiado por un triste puestico burocrático o por un triste puñado de monedas, como en su momento acotó nuestro recordado Adriano González León en uno de sus últimos artículos publicados en el diario El Nacional.